Salío dormido el dragón en Sofía. Para el Ludogorets el
partido era fiesta mayor, y se comió al Madrid en intensidad y
compromiso. Le empujaba un estadio que hacía del partido una cuestión de
orgullo patrio. Y el Madrid echó una mano como suele: concediendo un
gol a balón parado. Una acción endémica en la defensa blanca, que quedó
retratada en bloque: nadie llegó a despejar el balón puesto en el primer
palo salvo un solitario jugador búlgaro, y en el segundo Marcelinho
empujó a la red.
Al subidón del 1-0 siguió el del penalti fallado por
Ronaldo, uno de esos fallos que de vez en cuando se producen en el
Matrix de la estrella madridista. Stoyanov le adivinó bien el tiro y
dejó en nada la pena máxima señalada por un claro derribo de Chicharito,
la única noticia del delantero mexicano en el primer acto.
La jugada fue producto de un rebote, no de la elaboración
madridista. Illarra estaba desaparecido, Modric desactivado, y sólo Isco
acarreaba el balón a la zona de peligro con determinación. De los pies
del malagueño salió el segundo penalti, bastante dudoso, que volvió a
poner a Cristiano en los once metros. Esta vez no hubo milagro.
Poco a poco, el Madrid se fue adueñando del partido. Isco
comandaba las operaciones, omnipresente en casi todas acciones de los de
la camiseta negra. El Ludogorets perdió fuelle y acabó el primer acto
aculado en tablas, dando las gracias por la falta de acierto de Bale y
Ramos. Era un escenario más lógico, pero al que se llegó más por inercia
que por puro fútbol.
El muro del 'bosque verde'
Por inercia siguió el Madrid atacando en la segunda mitad, pero se encontró con un muro. Isco fue perdiendo fuelle y los locales incluso obligaron a Casillas a sacar un par de buenas manos. En el otro área, Stoyanov sacó un cabezazo de Bale sobre la línea y Chicharito 'despejó' un gol cantado tras la mejor jugada colectiva del Madrid: una contra. Hay cosas que nunca cambian.
Por inercia siguió el Madrid atacando en la segunda mitad, pero se encontró con un muro. Isco fue perdiendo fuelle y los locales incluso obligaron a Casillas a sacar un par de buenas manos. En el otro área, Stoyanov sacó un cabezazo de Bale sobre la línea y Chicharito 'despejó' un gol cantado tras la mejor jugada colectiva del Madrid: una contra. Hay cosas que nunca cambian.
El partido se definió con la salida de Benzema. No sólo
marcó el 1-2, sino que dio un clínic de juego ofensivo. A su alrededor
empezaron a aparecer los espacios que antes escaseaban y los jugadores
de ataque del Madrid encontraron a su socio preferido. Anotó, regaló el
tercero a Kroos -que disparó alto- y desbarató el sistema defensivo del
Ludogorets, que estaba funcionando razonablemente bien. No como el
Madrid, que sobrevivió gracias a sus individualidades y acabó casi
pidiendo la hora ante el voluntarioso cuadro local. Pudo ser peor para
el campeón, pero Benzema evitó el sofocón. Seguirá, cuenten con ello, el
debate torticero sobre su figura, pero esto es Champions. Y, aquí, los
números también le dan la razón.

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