No nos vamos a andar con
rodeos en este artículo. Dada la gravedad de la situación, iremos
directos al grano: la selección española de fútbol se encuentra en
entredicho. Y lo que es más importante, su juego también lo está.
Tras el nefasto papel que
jugó la Roja en el Mundial de Brasil siendo la primera selección
eliminada de las 32 participantes, era evidente que había que
analizar el porqué de semejante desastre, y que la confianza en los
nuestros iba a sufrir un ligero traspiés. Pero las sensaciones que
ha ido dejando en los siguientes encuentros no han conseguido
tranquilizar a un país que está demasiado acostumbrado en los
últimos años a que ganar sea un mero trámite.
La principal reflexión,
unánime, fue que España necesitaba ya un cambio generacional. Por
ser demasiado bueno, Vicente del Bosque había querido premiar a los
Xavi, Villa y compañía con la disputa de un más que posible último
mundial, siendo que probablemente ni por estado de forma ni por
momentum fuesen los más indicados para intentar revalidar el título
de campeón del mundo en un dificilísimo escenario como el de
Brasil. Un premio que a mi entender es más que merecido por una
generación que lo ha ganado todo en los últimos cuatro años, y que
por qué no, podía hacer un buen mundial si recuperaba su mejor
versión.
Los resultados los
conocemos todos, y el cambio fue la solución. Para que nos hagamos
una idea, entre la convocatoria que hizo Vicente para el Mundial de
Brasil y la última para los partidos frente a Eslovenia y
Luxemburgo, hay 9 caras nuevas. A la espera de la recuperación de
Thiago y Jesé o la llamada definitiva de Isco, Valdés, Reina,
Ramos, Xabi, Xavi, Mata, Villa, Torres y Javi Martínez, más de uno
de ellos por lesión, han dejado su sitio a De Gea, Casilla,
Carvajal, Bartra, Iturraspe, Rodrigo, Bernat, Raúl García y
Alcácer. Casi nada.
Pero la idea de juego no
se toca. Sin dudarlo, la Federación Española de Fútbol ofreció a
Vicente del Bosque continuar en el puesto tras el desastre de Brasil
porque entendían, y me sumo a ello, que es el más adecuado para
realizar el cambio sin renunciar al estilo que ha definido los
mejores éxitos de nuestra selección. Así que tras pensarlo bien
durante sus vacaciones, Vicente decidió asumir el reto, y en estas
nos encontramos. Con un grupo de personas en el que se está
produciendo un cambio muy intenso, pero a las que se les exige los
mismos resultados que a una generación irrepetible para la historia
de nuestro país, y del mundo del fútbol entero.
Es cierto que el juego
desplegado en partidos como los de Francia o Eslovenia no es el que
queremos. Esas combinaciones de pases de un lado a otro para que la
organización defensiva del equipo rival se descomponga y se pueda
dar un pase vertical por el centro que provoque una acción de gol,
no se da con la misma eficacia que hace un tiempo. Es lo más normal
del mundo.
Una selección no puede
jugar al mismo nivel con el mejor Xavi de la historia que sin él.
Una selección no puede jugar al mismo nivel con el mejor Busquets de
su carrera que con su versión actual. Una selección no puede jugar
al mismo nivel con el mejor Iker de la historia, que con la versión
desconfiada actual. Es tan simple como eso. Y si bien es también
cierto que hay jugadores con calidad suficiente para intentar
recuperar el nivel de esta selección, también lo es que necesitan
un tiempo de adaptación al equipo –y del equipo a ellos como en el
caso de Diego Costa- para que eso se produzca. Tiempo que en una
selección, por las características de su formato, es más difícil
que en un equipo.
Decía al principio del
artículo que la situación es grave, y puede sonar dramático, pero
cuando hablo de gravedad, me refiero a que se cuestione a una
selección que consiguió dos Eurocopas y un Mundial en cuatro años.
Y no me cansaré de repetirlo porque parece que a muchos se les haya
olvidado que hace nada no conseguíamos pasar de cuartos ni a tiros,
y ahora lo hemos ganado todo.
Por todo ello, si
queremos conseguir que nuestra selección vuelva a luchar por los
grandes éxitos como hizo hace nada, en calidad de número 12 del
equipo, tenemos que saber jugar nuestro papel. Tenemos que tener un
poco más de paciencia para que los resultados aparezcan mientras
Vicente consigue encajar todas las piezas en su sitio y el juego
vuelva a carburar. Para que hombres como Javi, Thiago y Jesé vuelvan
de sus lesiones y suban el nivel competitivo, y que los Koke,
Busquets o Isco encuentren su mejor versión. Pero sobre todo,
paciencia para no juzgarlos premeditadamente.
Sé que para la prensa
sensacionalista actual será difícil de llevar a cabo –ya hay
encuestas circulando sobre quién podría ser mejor sustituto de
Vicente…- pero nuestra selección nos necesita. Si todos aportamos
nuestro granito de cordura a la situación, y con paciencia no
dejamos de animar pese a los malos momentos, conseguiremos nuestro
objetivo: la Eurocopa. Eurocopa, a la que por cierto, hay que llegar
en buena forma en 2016. No ahora.
Ahora sólo hay que
conseguir pasar de un grupo clasificatorio bastante asequible, y
despacito y con buena letra todo llegará.
Paciencia, y si no tenéis
claro si confiar a ciegas en este bloque, confiad al menos en la
persona que nos hizo llevar esa estrella dorada que tenemos en el
pecho: Don Vicente del Bosque.


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