sábado, 11 de octubre de 2014

La Roja necesita paciencia

No nos vamos a andar con rodeos en este artículo. Dada la gravedad de la situación, iremos directos al grano: la selección española de fútbol se encuentra en entredicho. Y lo que es más importante, su juego también lo está.

Tras el nefasto papel que jugó la Roja en el Mundial de Brasil siendo la primera selección eliminada de las 32 participantes, era evidente que había que analizar el porqué de semejante desastre, y que la confianza en los nuestros iba a sufrir un ligero traspiés. Pero las sensaciones que ha ido dejando en los siguientes encuentros no han conseguido tranquilizar a un país que está demasiado acostumbrado en los últimos años a que ganar sea un mero trámite.
La principal reflexión, unánime, fue que España necesitaba ya un cambio generacional. Por ser demasiado bueno, Vicente del Bosque había querido premiar a los Xavi, Villa y compañía con la disputa de un más que posible último mundial, siendo que probablemente ni por estado de forma ni por momentum fuesen los más indicados para intentar revalidar el título de campeón del mundo en un dificilísimo escenario como el de Brasil. Un premio que a mi entender es más que merecido por una generación que lo ha ganado todo en los últimos cuatro años, y que por qué no, podía hacer un buen mundial si recuperaba su mejor versión.
Los resultados los conocemos todos, y el cambio fue la solución. Para que nos hagamos una idea, entre la convocatoria que hizo Vicente para el Mundial de Brasil y la última para los partidos frente a Eslovenia y Luxemburgo, hay 9 caras nuevas. A la espera de la recuperación de Thiago y Jesé o la llamada definitiva de Isco, Valdés, Reina, Ramos, Xabi, Xavi, Mata, Villa, Torres y Javi Martínez, más de uno de ellos por lesión, han dejado su sitio a De Gea, Casilla, Carvajal, Bartra, Iturraspe, Rodrigo, Bernat, Raúl García y Alcácer. Casi nada.

Pero la idea de juego no se toca. Sin dudarlo, la Federación Española de Fútbol ofreció a Vicente del Bosque continuar en el puesto tras el desastre de Brasil porque entendían, y me sumo a ello, que es el más adecuado para realizar el cambio sin renunciar al estilo que ha definido los mejores éxitos de nuestra selección. Así que tras pensarlo bien durante sus vacaciones, Vicente decidió asumir el reto, y en estas nos encontramos. Con un grupo de personas en el que se está produciendo un cambio muy intenso, pero a las que se les exige los mismos resultados que a una generación irrepetible para la historia de nuestro país, y del mundo del fútbol entero.

Es cierto que el juego desplegado en partidos como los de Francia o Eslovenia no es el que queremos. Esas combinaciones de pases de un lado a otro para que la organización defensiva del equipo rival se descomponga y se pueda dar un pase vertical por el centro que provoque una acción de gol, no se da con la misma eficacia que hace un tiempo. Es lo más normal del mundo.

Una selección no puede jugar al mismo nivel con el mejor Xavi de la historia que sin él. Una selección no puede jugar al mismo nivel con el mejor Busquets de su carrera que con su versión actual. Una selección no puede jugar al mismo nivel con el mejor Iker de la historia, que con la versión desconfiada actual. Es tan simple como eso. Y si bien es también cierto que hay jugadores con calidad suficiente para intentar recuperar el nivel de esta selección, también lo es que necesitan un tiempo de adaptación al equipo –y del equipo a ellos como en el caso de Diego Costa- para que eso se produzca. Tiempo que en una selección, por las características de su formato, es más difícil que en un equipo.

Decía al principio del artículo que la situación es grave, y puede sonar dramático, pero cuando hablo de gravedad, me refiero a que se cuestione a una selección que consiguió dos Eurocopas y un Mundial en cuatro años. Y no me cansaré de repetirlo porque parece que a muchos se les haya olvidado que hace nada no conseguíamos pasar de cuartos ni a tiros, y ahora lo hemos ganado todo.

Por todo ello, si queremos conseguir que nuestra selección vuelva a luchar por los grandes éxitos como hizo hace nada, en calidad de número 12 del equipo, tenemos que saber jugar nuestro papel. Tenemos que tener un poco más de paciencia para que los resultados aparezcan mientras Vicente consigue encajar todas las piezas en su sitio y el juego vuelva a carburar. Para que hombres como Javi, Thiago y Jesé vuelvan de sus lesiones y suban el nivel competitivo, y que los Koke, Busquets o Isco encuentren su mejor versión. Pero sobre todo, paciencia para no juzgarlos premeditadamente.

Sé que para la prensa sensacionalista actual será difícil de llevar a cabo –ya hay encuestas circulando sobre quién podría ser mejor sustituto de Vicente…- pero nuestra selección nos necesita. Si todos aportamos nuestro granito de cordura a la situación, y con paciencia no dejamos de animar pese a los malos momentos, conseguiremos nuestro objetivo: la Eurocopa. Eurocopa, a la que por cierto, hay que llegar en buena forma en 2016. No ahora.
Ahora sólo hay que conseguir pasar de un grupo clasificatorio bastante asequible, y despacito y con buena letra todo llegará. 

Paciencia, y si no tenéis claro si confiar a ciegas en este bloque, confiad al menos en la persona que nos hizo llevar esa estrella dorada que tenemos en el pecho: Don Vicente del Bosque.

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