El partido de El Madrigal evidenció las diferencias de
clase entre el Madrid y la mayoría del resto de los mortales. De clase
futbolística, claro. Sufrió las acometidas del Villarreal, que tuvo
ocasiones pero no acertó. El Madrid, con menos, sacó mucho más fruto.
Modric y Cristiano, tras un pase exquisito de Benzema, hicieron los
goles de un equipo que poco a poco va creciendo en resultados y en
juego, y que en el segundo conservó su ventaja sin apuros gracias a un
buen ejercicio de fútbol control.
Via +Villarreal CF
Por supuesto que el Villarreal tiene clase. Se trata, sin
duda, de uno de los equipos con más talento de la Liga, como evidenció,
una vez más, ante el Madrid. Nadie puede discutir la calidad de los
Bruno, Cani, Trigueros, Uche o Vietto. Son todos grandes futbolistas. Lo
que ocurre es que el Madrid puede darse el lujo de contar con los
mejores. En ese sentido, el partido fue también una cuestión de clase
'social' en la Liga. Nobleza frente a realeza.
La calidad definió un partido que prácticamente se ventiló
en un primer tiempo en el que el Villarreal tuvo ocasiones de sobra para
hundir al Madrid. Por momentos pareció que se proponía un intercambio
de golpes, pero la realidad es que los amarillos ganaron el centro del
campo, algo que ocurre casi siempre que el Madrid juega sólo con tres en
el medio. A Ancelotti le salvó la falta de acierto de Vietto, un
jugador ratonero pero, esta vez, muy desacertado de cara al gol, y el
partidazo de Varane. Inmenso el central francés en defensa, sacando tres
o cuatro balones que sólo buscaban una pierna que los empujara lejos
del alcance de Iker Casillas. El portero volvía y estuvo bien, aunque
dejó un par de acciones que seguirán alimentando el debate.
El impetuoso arranque del Villarreal fue perdiendo gas
cuando el Madrid logró encadenar cuatro pases en el centro del campo.
Pasó por primera vez pasada la media ahora, pero la defensa amarilla le
negó bien los espacios. En la jugada siguiente se repitió el patrón,
pero Modric optó por una solución directa. Su derechazo seco dejó
clavado a Asenjo, y asestó un golpe letal en la autoconfianza local.
Casi sin tiempo de reacción llegó el 0-2, construido a partir de una
contra, un automatismo de este equipo desde los tiempos de Mourinho, que
se sigue ejecutando con brillantez por mucho que cambien los
protagonistas. Esta vez el lanzador fue James, aunque el mérito de la
jugada hay que atribuírselo a Benzema. Dio profundidad al pase del
colombiano, fijo a Víctor Ruiz y temporizó hasta la llegada de
Cristiano, que colocó suavemente en la red. Benzema no hace goles,
dicen, pero hace estas cosas. Y nadie debe estarle más agradecido que el
portugués.
Era, sin duda, un castigo demasiado cruel para el
Villarreal, que, enrabietado, generó tras el 0-2, y antes de descanso,
ocasiones suficientes para incluso empatar el partido. Con ese impulso
salió de vestuarios, pero de nuevo volvió a ser víctima de su falta de
acierto. Sumó tres ocasiones más, pero Casillas salió indemne de El
Madrigal. Poco a poco, el Madrid fue anestesiando el partido. Tocó con
calma e impuso un ritmo lento que acabó contagiando a su rival,
desalentándolo. Sólo Bale, activado tras una primera parte 'missing',
trató de conectar con Cristiano, pero no estuvo demasiado preciso. En
cualquier caso, al Madrid le sobró con un esbozo del fútbol control que
Ancelotti pretende incorporar a los distintos registros que maneja el
equipo, que volvió a reforzar con la entrada de Illarramendi. El
Villarreal, que arrancó como un huracán, acabó claudicando ante dos
exhibiciones del lujo que sobra en la plantilla del Real Madrid.


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