Real Sociedad 2-1 Atletico de Madrid
El Atlético de Madrid de Simeone solía moverse como nadie
en partidos incómodos. Su conocida solvencia con resultados estrechos
quedó en entredicho en Anoeta. Fue incapaz de sobrellevar la expulsión
de Siqueira y perdió tras adelantarse gracias a Mandzukic. La Real
Sociedad castigó su falta de ambición y se apuntó una victoria que hará
algo más placentera la llegada del nuevo técnico.
Santana, entrenador interino de la Real, podrá recordar
orgulloso lo que consiguió esta noche. Su equipo hizo propias las señas
de indentidad del vigente campeón de Liga. Intensidad y generosidad
fueron las claves. "Correr y trabajar", como apuntó Loren, el director
deportivo, al acabar. Es una vieja fórmula que funciona, pero suele
olvidarse cuando llegan los apuros.
Mandzukic adelantó al Atlético en la primera parte tras una
buena jugada entre Raúl García y Juanfran por la derecha (min. 9). A
raíz de ahí creció el ímpetu realista empujado por una animosa afición
que sabe de su importante papel en la recuperación anímica de los suyos.
En estas apareció Vela y con un bonito zurdazo desde fuera del área
empató seis minutos más tarde (min. 15).
Hubo pocas ocasiones en el primer periodo, pero sí lo
suficientemente claras como para que se rompiese la igualada. El árbitro
no vio un penalti en un pisotón de Godín a Vela. El defensa del
Atlético resultó decisivo poco después al desviar un remate de Agirretxe
a puerta vacía favorecido por un pase erróneo de Miranda y una salida
desesperada de Moyá.
El desenlace final quedó supeditado por la expulsión de
Siqueira una vez superado el descanso. El lateral hizo dos faltas
merecedoras de amarilla en menos de tres minutos y se marchó a los
vestuarios en el 49. La inferioridad numérica convirtió al Atlético en
un grupo temeroso y conformista. Casi irreconocible.
Simeone pudo echar mano del banquillo para cambiar las
cosas, pero volvió a mostrar una excesiva falta de confianza hacía los
nuevos futbolistas que se incorporaron a la plantilla esta temporada.
Griezmann tuvo tiempo para recibir la pitada de la que fuera su hinchada
y poco más. La Real Sociedad ya mandaba por entonces tras un gran
cabezazo de Agirretxe a centro de Zaldua (min. 82) que premió la casta
'txuri urdin'.
Real Madrid 5-1 Rayo Vallecano
El Real Madrid lleva una media de casi cuatro goles por
partido en esta Liga. Como comprenderán, hay días en los que ha bordado
el fútbol, pero otros, como este sábado frente al Rayo, no ha estado
especialmente brillante. Ojo, no decimos que jugase mal, simplemente que
no destapó el frasco de sus esencias con tanta claridad como el día del
Levante, sin ir más lejos.
Sin embargo, el marcador ha vuelto a ser contundente. Un
5-1 que no admite réplica, por más que el tanto de Benzema viniera
precedido de un flagrante fuera de juego, porque los palos evitaron al
menos otros dos tantos merengues. Cristian Álvarez, que erró a la hora
de detener el quinto estacazo blanco de la noche, realizó también varias
paradas de indudable mérito que también salvaron al Rayo de un castigo
mayor.
Llegados a este punto, algunos disertarán sobre la
'justicia' o no del resultado, cuando lo único meridianamente claro es
que este Madrid se ha convertido en una máquina perfectamente engrasada
de machacar rivales. Su pegada es antológica y ya se vislumbra un récord
de goles que puede dinamitar los cimientos del reciente Madrid de
Mourinho, que con 121 dianas atesora la actual plusmarca liguera.
Para muestra, no hay mejor botón que el primer gol de este
sábado. Y es que el Madrid no se había acercado aún a las inmediaciones
de Cristian Álvarez cuando Kroos sirvió en bandeja el tanto a Gareth
Bale.
Que esa es otra, gol del galés. No podía ser otro. La
prensa deportiva se había pasado una semana discutiendo sobre la
idoneidad de desplazar a Isco del once en favor del ex del Tottenham y
va éste y marca a las primeras de cambio. La famosa flor 'oculta' de
Ancelotti aparecía de sopetón para echar una mano al líder.
Bale, todo sea dicho, estuvo participativo y gozó de varias
ocasiones más. Su fútbol, qué duda cabe, es muy diferente al del
malagueño pero su aportación es innegable. 'Carletto' lo sabe y no tiene
la menor intención de abrir un debate que solo puede desestabilizar a
un equipo que ahora mismo funciona como la seda.
El 2-0 es otra buena muestra de lo que decimos, porque el
tanto de Sergio Ramos fue un 'churro' tan efectista como efectivo. A
primera vista pareció un golazo de volea del camero pero tras la
repetición se comprobó que había rematado con la rodilla. En otras
circunstancias ese disparo se hubiera ido a la grada pero este Madrid
está tocado por los dioses.
Una mala cesión de James a Keylor Navas permitía al Rayo
reengancharse al duelo con el tanto de Bueno, pero el Madrid se
encargaría pronto de disipar cualquier duda en una segunda mitad de
claro color local.
Un tanto anulado a Baptistao por un ajustado fuera de juego
fue el preludio del primer gol de Toni Kroos con su nuevo equipo. El
curvilíneo remate del alemán puso punto y final al partido si entendemos
por esto el encuentro entre dos equipos que pugnan por el triunfo.
Y es que a partir de ese momento, solo quedaba por saber
cuántos goles sumaría el Real Madrid en su enésima exhibición ofensiva
de la temporada.
Benzema, en fuera de juego, y Cristiano Ronaldo, con la
inestimable ayuda de Cristian Álvarez, se sumaban a la fiesta y
engordaban, de paso, sus fantásticos números.
Fue el final perfecto para un encuentro que discurrió por
los cauces previstos. Con un Madrid, repetimos, que no estuvo brillante,
pero que volvió a marcar cinco goles en Liga. Pegada de campeón, dicen
por Chamartín.
Almeria 1-2 FC Barcelona
El Barcelona entró en coma en los Juegos del Mediterráneo.
Los pronósticos eran desalentadores hasta que apareció Luis Suárez,
desfibrilador en mano, para despertar al equipo de Luis Enrique de su
letargo. Dos asistencias del uruguayo, a Neymar y Jordi Alba, firmaron
la remontada ante un Almería que plantó cara con grandes argumentos.
Válidos hasta que Suárez apareció y evitó que el Barcelona tocase fondo.
La situación era dramática. La confusión en momentos
delicados desestabiliza al Barça. Y a ella contribuyó Luis Enrique con
un once difícil de explicar. Con el parón de selecciones en el
horizonte, el técnico decidió dar descanso a sus estrellas. Le tocó
recular y recurrir a ellas cuando el asunto se puso feo. Tan mala pinta
tenía que el Barcelona llegó a desconectarse de la Liga.
Su aparente dimisión a la lucha por el título estuvo
incitada por la ausencia de jugadores de peso y por la ambición de un
Almería que supo incidir en las inseguridades del Barça. Que, por
cierto, a estas alturas de la liga son muchas. Demasiadas.
Apático, previsible y lento, muy lento se mostró el equipo
azulgrana en el primer acto. Con el balón fue inofensivo pese a dos
acciones aisladas en las que Messi evidenció su pelea con el gol en las
últimas jornadas. La sombra de Zarra es alargada... y la de los palos
también. En medio de esa desesperación, apareció Thievy para sumir a
Bartra en un terrorífico 'Deja vu' que le llevó hasta la final de Copa y
la tan recordada carrera con Bale.
Solo Mascherano, imperial, mantuvo la intensidad que se
requería. Bastó con el sacrifico del 'jefecito' y la entrada en escena
de Neymar y Luis Suárez para ver otro Barça. El que manda y genera
peligro, el que todos -menos Luis Enrique al parecer- visualizan esta
temporada. Con Messi entre líneas, Neymar en el desequilibrio individual
y Suárez pisando área. Ahí se siente cómodo el uruguayo. Y en esa zona
de influencia marcó diferencias. Y todo ello, pese a quedarse otro
partido sin marcar.
Surgió la figura del '9' que tanto ha reclamado el
Barcelona en los últimos años. Suárez echó el ancla con la portería a su
espaldas, aguantó y cedió. Se revolvió y disparó. Todo con intención,
todo con decisión y con influencia en el desenlace de cada jugada. En
una de ellas Messi encontró de nuevo el larguero. En la siguiente,
Neymar hizo el empate. Minutos después, ya todos buscaban al uruguayo.
Balones al área y a esperar.
Su primera descarga, como decíamos, sacó al Barça del coma.
En la segunda, con más energía, levantó al Barcelona. Jordi Alba
recibió la última inyección a la desesperada y el equipo de Luis Enrique
respiró aliviado. Ahora llegó el momento de un descanso muy oportuno,
pero no definitivo, gracias a Suárez

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