lunes, 22 de septiembre de 2014

Van Gaal no encuentra la tecla.

Un Leicester-Manchester United no suena a partido de la jornada. Ni mucho menos. Pero ayer zorros y diablos se empeñaron en que su lucha en el King Power Stadium fuera una de las más espectaculares de lo que llevamos de Barclays Premier League, por no decir la mejor. Con una exhibición en la faceta ofensiva, los de Van Gaal pusieron el 1-3 en el marcador en el minuto 57. Pero pocos podrían creerse lo que iba a pasar en los 33 minutos restantes. Tras el penalti que les regaló el colegiado Clattenburg a los locales, el Manchester colapsó y el Leicester no le metió uno, ni dos, sino cuatro goles para recordarles a los diablos la crisis en la que están sumidos.
Analizando los onces, los locales sacaron un equipo con alguna cara nueva, pero que desde luego el inglés Nigel Pearson repetirá en más de una ocasión visto el resultado que le dio. La principal novedad fue el debut de un mito del fútbol como Esteban Cambiasso en la medular, y también realizaba su debut como titular Jamie Vardy. Desde luego, no tiene nada que ver la importancia que tenía el debut del primero con el del segundo, pero el propio Vardy se encargó de centrar los focos sobre él como lo hacen los mejores: en el terreno de juego.
Por su parte, Louis Van Gaal sacó un once con Falcao, Di María, Blind y Rojo como titulares. Por fin iban a jugar todos los fichajes de última hora juntos, así que podríamos decir que por fin íbamos a ver la primera prueba para la plantilla definitiva del Manchester United. En el nuevo 1-4-3-1-2 (reculando así definitivamente de su idea inicial de jugar con tres centrales), Rojo ocuparía el lateral izquierdo de un Manchester que aún espera con ansias la recuperación de Luke Shaw. Blind sería el eje del centro del campo, Di María y Ander sus interiores, y Rooney jugaría de diez para enlazar con sus dos goleadores: RVP y Falcao.

En el arranque, el Manchester estuvo muy preciso en ataque y en el minuto 16 ya iba ganando por 0-2 con goles de Van Persie y Di María. Exquisito el del fideo, por cierto. Pero los locales supieron encajar el golpe y tan sólo un minuto después, Ulloa dirigió un tremendo cabezazo al fondo de la red, precedido por una buena jugada de Vardy por banda. De hecho, ese hueco por la banda de Vardy fue el principal argumento del Leicester para mantener sus esperanzas intactas de llegar al marco de De Gea.
En ataque, el Manchester arbolaba su juego con Blind superando la presión inicial de los zorros, y a partir de ahí Ander comandaba, Rooney creaba, y Di María desbordaba, aunque sólo a través del argentino conseguía el Manchester crear peligro a Schmeichel. Pero en defensa, el balance por la banda de Di María-Rojo era nefasto, y en cuanto se dio cuenta el Leicester fue cuando inquietó a la defensa rival y le discutió el dominio del partido. Los ataques locales empezaron a centrarse ahí, y Vardy volvió loco tanto a Rojo como a Blackett cuando le hacía la cobertura, pero llegaron al descanso sin materializar ninguna ocasión más.
Ya en la segunda parte, el inicio también fue territorio red devil, y con un Leicester encerrado llegó el 1-3 gracias a un taconazo muy inteligente de Ander Herrera que desvió un disparo de Di María. Ese gol dejó totalmente K.O. al Leicester, pero pese a ello, en una jugada aislada en la que Vardy le roba el balón a Rafael con una falta clamorosa, no contento con sólo una infracción, se tira en el área a los pocos segundos y Clattenburg pica señalando la pena máxima. Nugent no falla y a partir de ahí creo que aún ahora mismo el Manchester no se explica lo que pasó sobre el césped del King Power Stadium.
Ni tres minutos después, Cambiasso, totalmente solo, llegó en segunda línea para rematar un barullo en el borde del área del Manchester y poner las tablas. Y a los diez minutos, Mata se duerme en el centro del campo y el Leicester monta un 2x1 horriblemente gestionado por Blackett, que acaba olvidándose de Vardy para que defina a la perfección en el mano a mano con De Gea. 4-3. De locos. No es que el Manchester decidiera volcarse al ataque tras ser empatado o remontado, es que el Leicester siguió haciendo lo que quiso con el balón, y en otra jugada por banda, Blackett derriba a Vardy en el área –no está de más volver a recordar que era su primer partido en la Premier-, expulsan al defensa, Ulloa transforma el penalti, y puso el definitivo 5-3 en el marcador. El delirio para los aficionados del Leicester.


Ayer asistimos a una auténtica debacle del Manchester United, que en 37 minutos vio cómo le remontaron un 1-3 para terminar 5-3, demostrando de nuevo que aunque la dirección del equipo se empeñe en fichar grandes jugadores de ataque, su problema sigue estando ahí, y es la defensa. Si metiendo tres goles fuera de casa te vas no eres capaz de sumar ni un punto, algo va muy mal atrás, y es que la sombra de Vidic-Ferdinand está resultando ser demasiado alargada. Pero que la falta de solidez del Manchester no nos haga olvidar algo que ayer también quedó evidente: el Leicester jugó un sensacional partido. El mejor en lo que lleva de Premier, que seguro buscará repetir contra sus próximos rivales. Desde luego, con Vardy y Cambiasso, el espectáculo está garantizado.

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